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Metáforas

La metáfora es un cuento, un relato que permite transmitir un mensaje de forma indirecta. El objetivo es poner el proceso intelectual en corto circuito, y saltarse, así, las resistencias conscientes. El/la client@ se identifica con el protagonista del contexto, lo que le permite proyectar allí sus problemas, sus dudas, sus conflictos internos o externos y sus bloqueos.

Para que la metáfora sea poderosa ha de cumplir 3 reglas:

  1. La estructura ha de ser idéntica a la situación real de la persona que lo va a recibir.
  2. Es deseable que plantee un desenlance, que lleve una solución.
  3. Al estar disociada de un@ mism@, no plantea amenaza y se establece una conexión: problema-solución.

Aquí una bella metáfora de Jorge Bucay, que la disfrutéis.

Elefante Encadenado

EL ELEFANTE ENCADENADO

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.

Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente


¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye?


Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia:

-Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...

 

 

TÚ DECIDES, DEPENDE DE TI .

Yo sé que TÚ sola(o) PUEDES, ahora recuerda que no estás sola(o),
yo te puedo hacer el camino más fácil, más rápido y acompañada(o).


No te creas nada de lo que te digo, sólo juega, prueba, experimenta, vívelo y decide por ti misma(o).

En el apartado VÍDEOS podrás encontrar historias que te motivarán, te ayudarán a reflexionar, a mirar de otra manera, y si quieres recibir las entradas de mi blog regístrate y las recibirás cómodamente en tu mail.

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Límites y creencias

Estaba buscando el cuento de Jorge Bucay El elefante encadenado y me he "tropezado" con Los niños estaban solos.

El elefante encadenado habla de como se configuran las creencias en un determinado momento de nuestra vida, y las aceptamos como válidas para siempre sin cuestionarlas...

Uno de los 26 Cuentos para Pensar de Jorge Bucay que os recomiendo leer.

Los niños estaban solos

Su madre se había marchado por la mañana temprano y los había dejado al cuidado de Marina, una joven de dieciocho años a la que a veces contrataba por unas horas para hacerse cargo de ellos a cambio de unos pocos euros. Desde que el padre había muerto, los tiempos eran demasiados duros como para arriesgar el trabajo faltando cada vez que la abuela se enfermaba o se ausentaba de la ciudad.

Cuando el novio de la jovencita llamó para invitarla a un paseo en su coche nuevo, Marina no dudó demasiado. Después de todo los niños estaban durmiendo como cada tarde, y no se despertarían hasta las cinco. Apenas escuchó la bocina cogió su bolso y descolgó el teléfono. Tomó la precaución de cerrar la puerta del cuarto y se guardó la llave en el bolsillo. Ella no quería arriesgarse a que Pancho se despertara y bajara las escaleras para buscarla, porque después de todo tenía sólo seis años y en un descuido podía tropezar y lastimarse. Además, pensó, si eso sucediera, ¿Cómo le explicaría a su madre que el niño no la había encontrado?

Quizá fue un cortocircuito en el televisor encendido o en alguna de las luces de la sala, o tal vez una chispa del hogar de leña; el caso es que cuando las cortinas empezaron a arder el fuego rápidamente alcanzó la escalera de madera que conducía a los dormitorios. La tos del bebé debido al humo que se filtraba por debajo de la puerta lo despertó. Sin pensar, Pancho saltó de la cama y forcejeó con el picaporte para abrir la puerta pero no pudo. De todos modos, si lo hubiera conseguido, él y su hermanito de dos meses hubieran sido devorados por las llamas en pocos minutos.

Pancho gritó llamando a Marina, pero nadie contestó su llamada de auxilio. Así que corrió al teléfono que había en el cuerto (él sabía cómo marcar el número de su mamá) pero no había línea. Pancho se dio cuenta de que debía sacar su hermanito de allí. Intentó abir la ventaba que daba a la cornisa, pero era imposible para sus pequeñas manos destrabar el seguro y aunque lo hubiera conseguido aún debía soltar la malla de alambre que sus padres habían instalado como protección.

Cuando los bomberos terminaron de apagar el incendio, el tema de conversación de todos era el mismo: ¿Cómo pudo ese niño tan pequeño romper el vidrio y luego el enrejado con el perchero? ¿Cómo pudo cargar el bebé en la mochila? ¿Cómo pudo caminar por la cornisa con semejante peso y bajar por el árbol? ¿Cómo pudo salvar su vida y la de su hermano?

El viejo jefe de bomberos, hombre sabio y respetado les dio la respuesta: Panchito estaba solo...

No tenía a nadie que le dijera que no iba a poder.

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